LAS GLADIATRICES "El higo"

Mujeres que querían disfrutar su libertad y divertirse


Este artículo es mi aportación en el fanzine artistico-cultural-feminista "El Higo", editado por la Asociación Feminista Amatista de la que soy co-fundadora, y que presentamos el pasado día 8 de marzo de 2016, el Día Internacional de la Mujer.


La mujer siempre ha sido el centro de todos los discursos de la historia pero también la gran perdedora, puesto que desde hace tiempos inmemoriales el papel de la mujer en la historia ha sido relegado y ocultado, incluso cuando hubo grandes mujeres ilustres, éstas se vieron ocultas o tapadas por sus colegas masculinos, bien a propósito apropiándose de su trabajo, bien lo hizo la historia misma con el paso de los siglos.

La historia que, a pesar de tener nombre de mujer, se ha encargado de ocultar ese lado femenino de sí misma, los grandes avances filosóficos, científicos, incluso políticos, protagonizados por las mujeres han sido ocultados por aquellos que escribieron la historia y que aún hoy siguen haciéndolo.

Gracias al feminismo, y en concreto a las historiadoras de género, feministas también por cierto, queremos reivindicar el papel de la mujer en el devenir histórico, abrir la historia a las mujeres, que todo el mundo sepa que las mujeres participaron activamente en todos los hechos históricos de todas las épocas, unas veces fueron mujeres anónimas y otras veces mujeres con nombre propio, ya que en la historia no sólo existieron reinas y religiosas, también luchadoras, guerreras, científicas, filosofas, artistas, escritoras y un sinfín de artes, oficios y saberes más.

El objetivo principal de la Historia de género no es sólo buscar nombres propios en la historia de mujeres ilustres, que también, sino poner de manifiesto cómo era la situación femenina en los tiempos pasados, porque para sorpresa de muchos la mujer no se conformó con el papel que le fue asignado solo por ser mujer, qué era la casa, el convento o el prostíbulo, quiso conquistar las otras áreas de la vida y del conocimiento que les estaban vetadas solo por ser mujeres; mujeres anónimas que lucharon por mejorar su situación gracias a sus esfuerzos personales y en muchos casos, colectivos.

Para este primer número, voy a hablar sobre las gladiatrix romanas.

Gladiadiatrices de Halicarnaso


Las gladiatrix o gladiatrices fueron mujeres de la antigua Roma que, aprovechándose de su situación económica acomodada, se sentían empoderadas y deseosas de vivir aventuras. 

Al menos esta era la situación de las primeras gladiadoras, puesto que después, este papel también lo desempeñarían mujeres esclavas, al igual que sus homólogos masculinos, entre los cuales siempre los hubo a sueldo y esclavos.

En este caso, eran mujeres libres de posición acomodada y que solo necesitaban el permiso del organizador del torneo o juegos para poder batirse con otra gladiatrix. Algunas fueron muy famosas en su época, aunque sus luchas recibían bastante menos publico que las luchas de los gladiator, ya que estas luchas eran una rareza pero su existencia está fundamentada en evidencias arqueológicas y literarias.

La motivación de estas primeras gladiatrices era, entre otros, el espíritu aventurero. Por lo general eran mujeres romanas ricas aficionadas a la lucha, que consideraban un entretenimiento, deporte o una manera de obtener cierto estatus en la sociedad. Según Tácito (56-117 d.C), pocos nobles acudían a los espectáculos entre gladiatrices, pues era vox populi lo deshonroso que resultaba para los senadores acudir al anfiteatro a disfrutar de estas luchas femeninas.

Al no luchar por dinero, se ha debatido mucho sobre si lo que buscaban era notoriedad, emociones o agasajo. Seguramente y teniendo en cuenta el tipo de sociedad romana, que era fuertemente patriarcal, aunque según las épocas, determinadas mujeres disfrutaban de diversas libertades, lo hicieran por todos esos motivos y quizás alguno más, como el de divertirse antes de contraer matrimonio, por ejemplo.

Según Suetonio, en su obra sobre Vida de los doce césares, al emperador Domiciano le gustaba organizar combates a la luz de las antorchas entre enanos y mujeres. A partir de los restos figurativos se puede observar que luchaban a pecho descubierto y que en muy pocas ocasiones llevaban cascos. 

Las mujeres aparentemente luchaban por la noche lo que indica la posible importancia y rareza de la participación de mujeres como gladiadoras. Aunque esto también genera debate pues, a raíz de las fuentes escritas que nos han llegado referenciando este hecho se puede dirimir dos posturas, bien que eran una auténtica rareza, o por el contrario, como dice la historiadora Amy Zoll, que el hecho de que los historiadores antiguos se hicieran eco de estas gladiatrices y se molestaran en nombrarlas significa que estas luchas eran más comunes y extendidas de lo que a priori puede parecer. Además existe una inscripción encontrada en Pompeya en la que se presume que el organizador de los juegos es el primero en traer mujeres gladiadoras a la ciudad.

Sumándose a esta línea nos encontramos con el Decreto de Larinum, promulgado durante el gobierno de Tiberio, que prohibía entrenarse o realizar apariciones remuneradas como gladiadoras, lo cual puede dar a entender que ya había gladiatrices, a las hijas, nietas y bisnietas de senadores y a "cualquier mujer cuyo marido o padre o abuelo, ya fuera por vía materna o paterna, o hermano hubiese poseído el derecho a sentarse en los asientos reservados para los equites" (los equites era una clase social de la antigua Roma, conocidos allí como Ordo equester 'clase ecuestre', la clase militar alta, que podía costearse el buen equipamiento militar y el caballo y que contaban con una posición social alta y ciertas dignidades).

Por lo tanto, ya vemos que las mujeres desde época lejana también querían participar en los mismos juegos que los hombres y asumir otros roles que los asignados a su sexo, y muchas de ellas incluso lo consiguieron, hasta que las leyes emanadas del poder patriarcal lo prohibiera. Pero las mujeres no cejarían en su empeño por hacer lo que querían, aunque muchas pagaran por ello.


Fuentes:
Zoll, Amy: Gladiatrix. Berkley, 2002.
Lillo Redonet, Fernando: Gladiadores. Mito y realidad. Evohé Didaska, 2011.
Varios/as autores/as: Fanzine El Higo, Ed. Asociación Amatista, nº 0. Pag. 3-5, Navalmoral de la Mata, marzo 2016.

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