Contaba mi abuela...


La plaza mayor de Trujillo, donde en la actualidad se levanta la estatua ecuestre de Pizarro
       
        Contaba mi abuela Jacinta, natural de Santa Marta de Magasca, un pueblecito cercano a Trujillo en la provincia de Cáceres, que cuando ella era moza, en Trujillo había costumbre de respetar las clases sociales...

        Tanto en Extremadura como Andalucía, como en otras tantas zonas de España, siempre hubo grandes terratenientes, esta palabra nos lleva a pensar directamente en el caciquismo decimonónico, por no alejarnos mucho en la historia.

        Trujillo era como el Titanic, por aquello de las clases sociales, pero ya bien entrado el siglo XX, en pleno franquismo de posguerra. Había bares donde sólo entraban los señores, lo mismo que restaurantes y salones, allí, los trujillanos de a pie, tenían vetado la entrada.

        Si ibas por la acera y te cruzabas de frente con uno de los "señoritos" del pueblo, debías bajarte de la acera para dejarle pasar a él, lo mismo sucedía si te cruzabas con el cura. Y en la escuela, aprendían por medio de los párrocos quienes eran los que mandaban... Otra cosa que se seguía haciendo en esta época, como si del siglo XVIII-XIX se tratase, y se siguió haciendo hasta bien entrada la década de los 70, es que las hijas de las familias con menos poder adquisitivo (por asi decirlo) eran enviadas a servir a las casas de los ricos, y desde bien pequeñas, de hecho eran afortunadas las que ya tenían un pariente sirviendo porque podía "enchufarlas".

        También, hubo colegios de monjas, y esto ya lo sabemos gracias a las películas de Almodóvar, es que en dichos colegios católicos, se les iba mucho la mano hacia los alumnos, y pobre de aquel que cayera mal a las monjitas, porque no iba a ver más palos en su vida.

        Por lo visto en Trujillo siempre ha habido mucho clasismo, más que en otras ciudades extremeñas, por ejemplo en Navalmoral de la Mata, también un pueblo de Cáceres, no había semejante separación de clases, los que tenían dinero celebraban los carnavales en el Centro Moralo, y los que no tenían tanto, lo hacían por las calles y verbenas.

Una de las calle de Trujillo
          Lo cierto es que durante el franquismo, siguió existiendo esa diferenciación, los que tinen dinero son los que mandan, lo curioso de este caso, es que en Trujillo esto estaba acentuado, en otros lugares no había un clasismo tan exacerbado y con unas normas sociales tan definidas y obligatorias al común de los habitantes de dicha ciudad o pueblo.
           
            Alégrense señores, porque vivimos en esta época.

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