MERCEDES FORMICA

Una feminista en las tripas del franquismo

Aunque era falangista, no se consideraba franquista, es más, detestaba en qué se había convertido el régimen.





Hace poco, un amigo de Los mensajes de Clio me dio a conocer a Mercedes Formica. Hoy, estoy pasando este lluvioso domingo leyendo sobre ella, y me parece, cuanto menos, fascinante.

La historia y el feminismo parecen haberla silenciado. Pero este blog se hace eco de todo/a aquel/lla que luche por los derechos de la mujer, por mejorar su situación, da igual la ideología política que tenga. Esta abogada y escritora era falangista, pero también era feminista, y se ve claramente por el ardor con el que escribió el articulo "El domicilio conyugal" en el ABC. Que, aunque se sienten aires de la sección femenina, huele bastante más a feminismo.

En mi opinión, cualquiera que luche por los derechos de las mujeres o intente mejorar su situación jurídica y social, merece respeto, y si lo hace durante la dictadura de Franco, tiene más mérito. Que tampoco logró grandes gestas por la igualdad, que no fue una de esas grandes luchadoras del todo o nada, pero atendiendo a la época en la que luchó por ello y contra qué se tenía que enfrentar, lo que logró es más que respetable:
La reforma del Código Civil franquista para mejorar la situación conyugal de desventaja de la mujer.

Leyendo su biografía, no se puede dejar de observar que aunque falangista, no era franquista. Pues no coincidía en muchas cosas con el dictador. Fascinada desde su juventud por el discurso de Primo de Rivera, en sus memorias censura los planteamientos del caudillo, y asegura que hubiese preferido la disolución de la Falange al «albondigón», que así es como ella llamaba a la unión de tradicionalistas y falangistas decretada por Franco:

«Aquella amalgama monstruosa, aquel gigantesco albondigón, estranguló la ideología, y todo quedó en una especie de cristianismo obligado, como el impuesto por Roma en el decreto de Constantino. La tragedia del pensamiento joseantoniano fue detenerse en plena evolución. Si Dionisio alzó la voz, a José Antonio le cerraron la boca los que dispusieron su muerte», escribió Formica.

Y a la hora de abordar las diferencias existentes entre Franco y Primo de Rivera, la autora muestra su convencimiento de que el caudillo se negó a evitar la muerte del fundador de Falange y a aceptar el canje que le propuso la República: «¿Qué podía temer Franco de José Antonio?», llega a preguntarse la escritora.

Era falangista, pero clara opositora al régimen de Franco. Aun así, no dudó en valerse del sistema en el que vivía y se beneficiaba para cambiar la situación de las mujeres.




Biografía.

Mercedes Formica-Corsi Hezode nace en Cádiz el 9 de agosto de 1913. De familia acomodada, era la segunda de seis hermanos; vivió en Cádiz hasta los once años, en que marchó a Sevilla, a causa de un traslado profesional de su padre, ingeniero industrial, que pasó a dirigir la sucursal sevillana de la Compañía Catalana de Gas y Electricidad; de eso trata su novela autobiográfica La infancia.

El empeño de su madre le hizo estudiar bachillerato y preparar el acceso a la Universidad en 1931; ingresó en la Facultad de Derecho de Sevilla, donde tuvo a profesores formados en la Institución Libre de Enseñanza; cómo única alumna debía ir acompañada a clase con una «doña» para subvenir prejuicios. Sus padres se divorciaron en 1933, y ello influyó en su posterior interés por la suerte de las mujeres separadas.

Ya licenciada, se trasladó a Madrid y decidió afiliarse a la Falange Española desde sus mismos orígenes; fue en su tiempo una de las tres únicas abogadas de Madrid. Admiradora de José Antonio Primo de Rivera desde su juventud, éste la nombró delegada nacional del SEU femenino en 1936 y miembro de la dirección de la Falange. Se casa con Eduardo Llosent y Marañón, editor de revistas en Sevilla, entre ellas Mediodía, de la Generación del 27, pasando a residir en Málaga y otra vez a Madrid tras la guerra, porque Llosent fue nombrado director del Museo de Arte Moderno de allí.

En 1945 edita en la revista Escorial su primera novela, Bodoque, cuya trama principal gira en torno a un caso de separación. Acabó su carrera interrumpida por la guerra doctorándose en Filosofía y Letras; el machismo institucional de la época le impidió ingresar en el cuerpo diplomático, reservado a los varones.

Hacia 1958 es internacionalmente reconocida, a raiz del artículo del ABC y la fotógrafa Inge Morath viajó a España expresamente para conocerla y retratarla. Pilar Primo de Rivera le encarga una ponencia sobre «La mujer en las profesiones liberales» para presentarla en el I Congreso Femenino Hispanoamericano Filipino que debía celebrarse en 1951. Mercedes, junto a un grupo de universitarias, reivindica en este texto la plena incorporación de las mujeres al mundo laboral, pero los organizadores la retiran por "feminista". Colabora en la prensa y dirige la revista de la Sección Femenina Medina.

Fue de las pocas que usó esa proyección pública, social y política en la primera posguerra para, desde dentro del sistema, intentar transformar leyes perjudiciales para la dignidad de la mujer: el 7 de noviembre de 1953 el director de ABC Luis Calvo dio luz verde a la publicación de un artículo de Formica que había sido retenido por la censura; se titulaba El domicilio conyugal, y fue escrito al conocer las doce puñaladas que sufrió Antonia Pernia Obrador a manos de su esposo, suceso recogido en los periódicos como «Mujer apuñalada por su marido». No era la primera vez que había discusiones en ese matrimonio, pero ese día el marido fue más lejos; aunque ella había intentado separarse, el abogado le había advertido que perdería su casa, sus hijos, sus bienes... Así que sólo le quedó el recurso de aguantar y resignarse hasta el límite de jugarse la vida en el verano de 1953. El artículo de Mercedes Formica provocó la drástica reforma de una legislación matrimonial que no daba opción a las mujeres y en donde optar por la separación significaba perderlo todo, hijos, hogar y bienes. Durante semanas el ABC recibió más de 100 cartas diarias.





En el artículo, la abogada andaluza describía la discriminación que padecían las mujeres casadas si querían separarse o abandonar a sus maridos, aunque estuviera justificado por malos tratos.

El Código Civil concedía el uso del domicilio familiar, la custodia de los hijos menores, si los había, y la posesión del ajuar o de otros bienes muebles aportados por la esposa al marido, como cabeza de familia; la mujer tenía que esperar, seguramente en su misma casa, a que meses después un juez sentenciase a su favor y fijase el destino de los hijos, el domicilio y los demás bienes. Formica proponía una reforma del Derecho de Familia, tanto del Código como de la Ley de Procedimiento Civil.

El artículo causó tal revuelo en la España de entonces (en la redacción se recibieron en las semanas siguientes más de cien cartas diarias) que Formica, gracias a su condición de camisa vieja falangista, obtuvo una audiencia del general Franco. Éste, hijo de padres separados, se interesó por la reforma y hasta la mejoró.

Al llegar al controvertido punto del consentimiento de la esposa en trance de separación para disponer de los bienes gananciales –enajenación, hipotecas–, limitado en el proyecto al inicio del proceso de separación, opinó, rotundo:

El consentimiento debe exigirse en todo momento. Con separación y sin separación.

Franco la envió al ministro de Justicia, Antonio Iturmendi, que la recibió esa misma mañana porque el jefe del Estado le había llamado. El presidente del Tribunal Supremo, el civilista José Castán Tobeñas dijo en su discurso de apertura del año judicial de 1954:

Reconocemos la profunda transformación que en la actualidad experimenta la vida social, y dentro de ella, el papel de la mujer (...) No debemos aferrarnos, con actitud retrógrada, a las formas de vida que ya pasaron.

La reforma, apodada por Antonio Garrigues como "la reformica" (nótese el toque de sorna), entró en vigor en 1958. 

Aunque esta reforma no fue suficiente para cambiar la situación real de la mujer, si que supuso una reforma considerable y novedosa de las llevadas a cabo en el Código civil.

Estas reformas consistieron en:

- Suprimir la pérdida de la patria potestad de la madre por contraer nuevo matrimonio. Esta norma dispone que las ulteriores nupcias del padre o de la madre no afectarán a la patria potestad.

- Permitir que la mujer pudiera ser testigo en los testamentos así como ser tutora. No obstante, en este segundo punto se seguía exigiendo la licencia del marido para la aceptación de los cargos tutelares.

- De alguna manera, limitar el poder de administración y disposición del marido sobre los bienes gananciales. Se atribuyen a la mujer nuevas facultades siendo preciso el consentimiento de la esposa para que el marido pudiera realizar estos actos. Así, en cierto sentido, los intereses de la mujer en la sociedad de gananciales quedan más protegidos al exigirse este consentimiento y al aparecer la opción de acudir a la vía judicial ante una imprudente actuación marital. 

Esta reforma de 1958 sustituyó el concepto «casa del marido», con el que se definía la vivienda común del matrimonio, para transformarlo en el «hogar conyugal», el término propuesto por Mercedes Formica. Desde entonces los jueces pudieron decretar que fuese la mujer la que disfrutase de la vivienda conyugal tras la separación.

También eliminó la figura degradante del «depósito de la mujer», ese derecho-obligación del marido de «depositarla» en casa de los padres o en un convento. Además se limitaron los poderes casi absolutos que tenía el marido para administrar y vender los bienes del matrimonio, y permitió que las mujeres viudas o separadas que contrajesen nuevo matrimonio pudieran mantener la patria potestad sobre sus hijos. Mercedes Formica reclamó la eliminación de otros preceptos legales que atentaban contra la dignidad de la mujer, como el tratamiento discriminatorio de la mujer adúltera frente al hombre adúltero en el Código Penal. En este caso no tuvo tanta fortuna: sólo la democracia, en 1978, despenalizaría el adulterio.

Poco antes se había eliminado la licencia marital y la obediencia al marido, que hasta 1975 no es que fueran añejas costumbres sociales, sino que eran obligaciones legales. La activa participación de Formica en el impulso de esta reforma hizo que fuese bautizada, con ironía como «la reformica», aludiendo a su apellido y al limitado alcance de la misma, pese a que fue un importantísimo primer paso hasta que la ley reconociera en 1981 la plena igualdad del marido y la mujer en el matrimonio.

Contrae segundas nupcias en 1962 con el industrial José María Careaga y Urquijo. En los últimos años del franquismo cultiva la biografía; escribe la de María Ana y María de Mendoza, hija y amante, respectivamente, de Juan de Austria. Fallece su marido tras larga enfermedad a mediados de los ochenta y decide escribir sus memorias: La infancia, Visto y Vivido (1931-1937) y Escucho el silencio; queda el último tomo que llevaría el título de Espejos rotos y espejuelos; en 1989 sale a la luz su novela Collar de ámbar. Murió de Alzheimer en abril de 2002.

Puedes leer la reseña que hace el equipo de escritoras.com de las Memorias de Mercedes Formica aquí:


"Estas Memorias, de no ser por dar una buena sensación de rigor en los datos, están más cerca de la novela histórica que de la autobiografía. La manera en la que la autora narra sus vivencias tanto desde antes, como durante y después de la guerra, proporcionan una lectura amena; quizás el defecto más curioso de este libro y la virtud más agradecida para el lector. No averiguaremos mucho sobre los sentimientos, a veces ni siquiera sobre los eventos, de la autora, pero desde luego nos acercará a las sensaciones e historias de gente conocida y desconocida de Formica, y nos pintará un cuadro intenso y lleno de matices de la vida en esa época convulsa de la guerra civil y comienzo de la dictadura. 

Este libro nos a dará una visión muy equilibrada, nada partidista de esos años oscuros de la historia española y nos preparará para el siguiente tomo en la vida de esta mujer crucial en el desarrollo social de España, y en concreto del de la mujer".



Fuentes:
MORALES VILLENA, Amalia: Género, mujeres, trabajo social y sección femenina. Historia de una profesión feminizada y con vocación feminista. Tesis doctoral, Universidad de Granada, 2010.
TORRALBO RUIZ, Angela: El rol de la mujer en el Código Civil. Salamanca, 2011.
SOLER GALLO, M.: Una trayectoria disidente en la Sección Femenina de Falange: Mercedes Formica y la reforma del Código Civil de 1958, en Teresa Fernández Ulloa (ed.): Changes, Conflicts and Ideologies in Contemporary Hispanic Culture, Newcastle upon Tyne, United Kingdom, Cambridge Scholars Publishing, 2014, pp. 219-247.
NIELFA CRISTOBAL, Gloria: El debate feminista durante el franquismo. (pdf)

ABC.es, ElMundo.com., DiariodeCádiz.es, epdlp.com

Comentarios

Entradas populares de este blog

LA MISTERIOSA FIEBRE SUDOROSA

TERESA DÍEZ

LA MUJER EN EL FUERO DE PLASENCIA