LAS CANTIGAS ERÓTICAS DE ALFONSO X EL SABIO




Es un hecho consumado que las cantigas medievales versaron sobre multitud de temas, religiosos, amorosos y también eróticos. Conservándose además ciertas anécdotas que rodean estas cántigas y los juglares que las compusieron.

Los juglares eran extremadamente sinceros tanto que, por ejemplo, el poeta Fernando Esquío refiere en una de sus cantigas que había enviado a una amiga suya, abadesa, cuatro extraños artilugios para servicio íntimo de damas que no podían o querían tener acceso a varón. Se trata del instrumento de origen francés que hoy se conoce como «consolador». Estos artilugios, cada uno en su funda, adornaban ya por entonces los tocadores de las señoras. Y lo hacían desde tiempos inmemoriales. Pero no hablaré hoy de estos objetos para el placer femenino.

Alfonso X, el rey Sabio, también disfrutó, como poeta, con este género de crítica costumbrista, cínica y procaz. Una de las cantigas eróticas más atrevidas compuestas por el rey sabio es la que dedicó al deán de Cales. Este clérigo practicaba el arte de seducir mujeres con ayuda de ciertos libros de magia, capaces, según parece, de doblegar las mayores resistencias: «fod' el per eles quanto foder quer» («jode por ellos cuanto quiere joder»).

La lectura de tales libros le causaba al buen deán tanto placer que ni de noche ni de día los abandonaba. y tan bien conocía el arte de fornicar, que hasta a las moras seducía a su voluntad.

... sabe d' arte do foder tan ben,

que conos seus livros d'artes, que el ten, 

fod' el as mouras cada que Ihi praz. 


El poder de seducción del clérigo bordeaba lo taumatúrgico. A las mujeres endemoniadas, con tal fuerza y destreza las poseía, que expulsaba de ellas el demonio malvado. Si encontraba a alguna chica afectada por el llamado fuego de San Marcial, por el mismo sistema le extirpaba el mal.


E mais vos contarei de seu saber,

que conos livros que el ten faz:

manda-os ante si todos trager,

e pois que fode per eles assaz,

se molher acha que o demo ten,

assi a fode per arte e per sen,

que saca dela adema malvaz.

E, con tod' esto, ainda faz al

conos livros que ten, per boa fe:

se acha molher que aja a mal

deste fogo que de San Marçal e,

assi a vai per foder encantar

que, fodendo, Ihi faz ben semelhar

que e'geada ou nev'e non al.

Otra de las cantigas eróticas de Alfonso el Sabio va dirigida a María Pérez Balteira, célebre soldadera y cortesana, sin duda un personaje de primera fila de la historia galante medieval. Aunque conocida ya en la Corte en los últimos años del reinado de Fernando III, su belleza, arte y vida escandalosa brillaron sobre todo bajo Alfonso.

Un curioso diploma fechado en 1257 nos presenta a María Pérez otorgando una donación al monasterio cisterciense de Sobrado. A cambio de unas tierras heredadas de su madre y de los servicios que ella misma en persona se obligaba a prestar a los monjes «como familiar e amiga», la Balteira recibiría una renta vitalicia y, a su muerte, un honorífico entierro.

No especifica el documento cuáles eran los servicios que la Balteira se comprometía a conceder a los buenos frailes. Pero, conociendo los encantos e inclinaciones personales de doña María y el relajamiento de las costumbres monacales, segurísimo que se trataba de enredos caranales...


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